Pablo Avila, Eduardo Bover y el camión – cohete de Dayani Lozano

Como si no bastase ver tantos cubanos sin esperanza de vida y de nada ahí, justo frente al Puente Internacional nro.1 en Nuevo Laredo, México, como si no hubiese que preocuparse por tantos otros en el puente fronterizo de Reynosa; como si no viésemos cientos de ellos en Tapachula, escuchado de otros en Costa Rica, y muchos más en Panamá, y otros – aún – cruzando por la Selva del Darién… si no hubiesen tantas cosas por hacer, sí hacer…

En fin, a estas alturas muchos saben ya que desde hace días una “campaña” nacida en las redes sociales, “se ahogó”, casi desde su mismo nacimiento. Hablo del gesto protagonizado por un grupo que hace llamarse SOS Cubanos, que fue la primera voz que se levantó reclamando y gestando una ayuda para todos esos cubanos varados, desperdigados y con deseos de llegar a tierra norteamericana, que mencionaba renglones arriba.

Si la propia organizadora de la idea, la cantante cubana Dayani Lozano y su esposo Ciro Benemelis no supieron calcular que la recolecta de ayuda para esos cubanos pasaría de una simple camioneta, y que su ejemplo movilizaría a cientos, y cientos de cubanos, en ciudades como Phoenix en Arizona, Las Vegas en Nevada, y Houston, en Texas por solo mencionar tres ciudades, mucho menos pudo aquilatar ella “el peso” de lo que vendría después.

Vídeo de recogida en el Tropical Park

Todo comenzó con la llegada de Pablo Avila, un carismático camionero con un corazón bien plantado en el medio del pecho quien, peccata minuta, durante el Clásico Mundial de Beisbol en el 2006 le dio por retratarse con la delegación deportiva cubana que muy honrosamente ganó el 2do lugar. Entre los “personajes” con los cuales se retrató “Pablito” estaban el hijo predilecto del ex fallecido gobernante cubano Fidel Castro, y José Ramón “El Gallego” Fernández.

Ese día, Pablo, se retrató tambíén con Orestes Kindelán y muchos días antes, o muchos días después, en otro lugar y otros eventos se retrató con Willy Chirino, Oscar de León, Gloria Stefan, William Clinton, Hillary Clinton, Gente de Zona, Chino – sin Nacho –  ad infinitum. En fin, que “el hobby de Pablo” es retratarse con cuanto famoso se encuentra en el camino, sin entrar a valorar si es congo o carabalí.

Pablo, en este punto es necesario decirlo, patrocina con su bolsillo un team, el cual lleva su apellido, y cuya tarea es apoyar a los niños que están enfermos de cáncer en Cuba.

Justo por esas fotos con Tony y El Gallego, y no por otras, varias personas llamaron y lo acusaron de comunista, instantes después de que Pablo, en el más altruista de los gestos, se apareciera en el Tropical Park para ofrecerse a transportar lo que había estado recogiendo, ya sin saber dónde meter tantas cosas, Dayani y el grupo de SOS.

La filia, “provocó álgidos tonos” del otro lado de la línea, y para evitar un conflicto mayor, el vínculo oral establecido horas antes entre Pablo y el Grupo SOS, quedó disuelto.

Pablo, decidido a hacer algo, se largó hacia Nuevo Laredo recogiendo ayuda en West Palm Beach, Orlando, por toda la I75 y por toda la 10 West, hasta que llenó su camión, y llegó a su destino. Mientras, en Miami, quedaba SOS recogiendo, no solo ropa y comida, sino también dinero, principalmente a través de una cuenta creada en Gofundme; pero ya le habían propinado el primer recto a las costillas.

Entonces se desató el pandemonium. Nadie calculó que, mientras Pablo iba en movimiento hacia N.Laredo en un camión pequeño, en Miami se continuaba recogiendo ayuda e intentando asegurar la logística para el traslado de la mercancía, y que ni siquiera se trataba de Nuevo Laredo, pues también había otros cubanos en otros puntos fronterizos (ya mencionados al inicio) y que también estaban necesitados de “una mano.”

El resultado de la demora, provocó un pensamiento vil, otro más, en muchos que probablemente ni conozcan la distancia que existe entre Miami y Nuevo Laredo; otros, molestos por el “desplante” dado a Avila, y muchos más porque creen que las cosas se logran cosiendo y cantando.En un 2×3. O como hacía el mago Jotavich: arrancándose un pelo de la barba. Entonces la campaña de descrédito contra SOS Cubans tomó fuerza.

Entre esos comentaristas lascivos, resalta uno que en cada post de Dayani, “enganchó” una foto donde se lee: “Todo por la Revolución“, y su comentario encabezándola… “Les faltó esta foto”. Este es seguramente uno de esos cubanos que le gusta desunir, más que unir; de los que hablan, y no hacen ni organizan nada, y todavía no ha podido sacarse la Revolución y su trauma de adentro.

Al Grupo SOS lo acusaron – a sus miembros aún los acusan – de querer quedarse con la mercancía, de querer quedarse con el dinero, y toda la andanada de improperios se dirigen en esa dirección. Entonces, propinaron el segundo golpe: acusaron en Gofundme directamente, que la campaña de SOS de recaudar dinero para los cubanos varados en la frontera mexicana, a través de esa plataforma era espuria. ¿Resultado? Los 7000 y tantos miles de dólares que serían destinados a ayudar a nuestros hermanos varados, están congelados, “bajo investigación.”

Paralelo a esto, salía el camión desde Miami para Nuevo Laredo.

Una vez allí, los camioneros guardaron la mercancía en un storage, porque las autoridades aduanales no han dejado cruzar un solo camión (ni el de Pablo, ni el que trajo desde Arizona Ronal Delgado, ni el que vino de Las Vegas con el Cheff Sergio Ferrer) y grabaron un video anunciando la llegada “al lugar”.

Llegada del camión de Miami a N.Laredo, pero al lado norteamericano de la frontera

No pararon las ofensas. Entre ellas, que eso era un storage en el Doral, que eso era en el parqueo de la casa de uno de ellos…

Dayani había prometido hacer llegar como fuera ayuda a Tapachula, pero el camión siquiera pudo pasar el puente de N.Laredo. Así y todo, hace llegar a un grupo de cubanos pequeño que estaba en ese pueblo en la provincia de Chiapas, justo en la frontera con Guatemala, o sea, al otro lado de México, un dinero de su bolsillo – recordemos que la cuenta de Gofundme está bloqueada – y con eso les asegura una “comida caliente” por ese instante y quizás par de días más.

Fotos de los cubanos en Tapachula “comiendo caliente”

Es entonces, justo ahí, cuando sale a escena Eduardo Bover, otro camionero que “intuyó”, o como mismo me dijo via chat después, “se desprende de lo que dijo Dayani”, que esa comida caliente había llegado en el camión de Miami, y que este, no estaba en N. Laredo como muy bien había quedado documentado, sino que estaba ya en Tapachula. O sea, que había atravesado México, no como camión, sino como un cohete por todo el territorio azteca, burlando retenes de carretera, sin dormir el chofer, sin comer, sin hacer pipi y el camión rodando sin petróleo.

Eduardo hace un Facebook Life, le pone un título rimbombante como “para que cese el abuso con mis hermanos cubanos (o algo de eso)” y cual caudillo regionalista o cacique, o como bien diría Martí, sietemesino o “aldeano vanidoso que cree que el mundo entero es su aldea” contacta a una joven, de nombre Dayana a la cual le pregunta “¿dónde está el camión de Dayani?”

Dayana dice que no sabe, que ahí donde ella está, no ha llegado nada, y entonces, una vez más Dayani Lozano, y el Grupo SOS Cubanos, comienzan a recibir improperios, entre ellos – y este es uno de los más ligeros – acusándolos de mentirosos y estafadores. Bover, por su parte, los acusa de lucrar con el dolor de los cubanos. La campaña, evidentemente, es desacreditada más aún. Y Tapachula, al parecer, es un CDR y no toda una ciudad.

Facebook Life, hecho por Eduardo Bover, en el cual insinúa que el camión de Miami, o sea, el camión de Dayani Lozano “se perdió”

¿Ignorancia? ¿Mala praxis?

En parte puedo comprender que dada la historia que a todos nos ha tocado vivir, y desde donde vinimos, y donde vivimos muchos, que hasta por sonreir debemos pagar taxes, uno pueda creer que lo quieran joder a cada rato, y viva la mayor parte del tiempo a la defensiva.

Pero no se puede juzgar a la ligera. No se puede actuar por impulsos, sin organizar bien las cosas. Precisamente, sobre ese punto giró mi conversación hace dos días con Eduardo Bover.

Tuve que hablarle de la guerra del 68, del caudillismo, del regionalismo. Tuve que decirle que por eso José Martí era tan grande; porque cuando nadie apostaba por un kilo prieto, y nadie creía posible la unión entre todos los cubanos, Martí logró lo que parecía imposible, y ya en el 95 teníamos otra guerra.

Eduardo dijo que “queremos trabajar unidos, como hermanos”. Reconoció su error y dijo que eliminaría el vídeo al que hice referencia, pero no hizo.

Seguramente Eduardo actuó con mucho dolor en su alma, pero sin fundamentos; “leyó apurado”, intuyó erroneamente algo, y entró – desgraciadamente – en eso que desde hace rato nos tiene hecho polvo de desierto a los cubanos: la tiradera.

Lo peor, es que todas las personas que le siguen en Facebook, se convirtieron en actores físicos de una campaña que ahora, si bien preocupa a los del Grupo SOS Cubanos, tiene atados de pies y manos y con menos recursos, a los cubanos a los cuales se les quería hacer llegar una ayuda.

Una campaña que surgió y se sustentó con el dinero de nosotros, clase media o clase pobre. Que yo sepa, ningún rico, ningún famoso, aportó un dólar, ni creo que lo aporte (al menos públicamente)

Siquiera, han aparecido en la TV o en las redes sociales implorando misericordia para “su gente”. Ellos, los de más recursos, son los que mas ciegos han querido estar, y lamentablemente ya las elecciones finalizaron en noviembre. Si esta situación se hubiese dado en pleno período electoral, no duden que viéramos a cada rato a Marco Rubio, Carlo Curbelo, Mario Diaz-Balart,  y otro muchos prometiendo, jurando y perjurando que “se trabaja intensamente en lograr que nuestros hermanos cubanos que están atrapados en la frontera, ingresen a territorio norteaméricano”. Porque la gente se acuerda de Santa Bárbara cuando truena, o cuando necesitan el voto ciudadano.

Duele ver a nuestros hermanos en las condiciones que están. Todos, con poco o ya sin nada; implorando ayuda a unos políticos que lo que desean precisamente es que no entren. Escuchando “voces”, “rumores”, lidiando con estafadores, falsos oficiales de inmigración, falsos abogados; madres escuchando a sus hijos llorar porque tienen hambre.

Fuera peor, de no haber sido por Pablo, o por Ronal o por Sergio que viven ahí, a un pasito adentro; fuera terrible si no fuera por decenas de mexicanos que solidariamente y antes de que llegara el primer pomo de agua enviado por nosotros, ya les estaban dando comida.

Mexicanos, esos que en las redes sociales muchos cubanos llaman indios, y otros  dicen, como una vez dijo aquel, “no los queremos, no los necesitamos” y ahora reconceptualizó otro idiota y agregó la frase: “¡váyanse ratas!”

Mientras, sigamos hablando, entorpeciendo, calumniando. Seguramente si hicieramos más y habláramos menos, la situación fuera otra; mucho más provechosa y llevadera para esos cientos de cubanos que hoy, no saben que les deparará el mañana.

Siro Cuartel

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