¡Balón que sube Navarro!

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por Alexei Samper

Corría el año 1994. Era el 21 de junio de 1994 e iba a ser el día en que Diego Armando Maradona marcaría su último gol en un Campeonato Mundial de Fútbol. Iba a ser el día en que Diego, tras el gol, se iría con toda su furia a descargar un grito frente a una cámara. 21 de junio, el día del 4 a 0 frente a Grecia… ¡grande Diego! Horas más tarde daría positivo en una prueba antidoping.

Pero minutos antes de ese gol, y de los otros tres goles, un grupito de estudiantes de Periodismo de la Universidad de la Habana (mi memoria me alcanza para recordar quizás, a Rafael Arzuaga, Jorge Carpio y posiblemente Héctor Miranda y Renay Chinea) andábamos dando tumbos por los pasillos del ICRT buscando dónde ver el partido Grecia – Argentina, hasta que afortunadamente logramos que un locutor deportivo nos salvara la campana. Sentados ya,escuchando uno de los himnos, se apareció Julita Osendi y nos conminó a salir sin mucho protocolo de aquel cuartito en que estábamos escondidos.

Perdidos, sin posibilidad ya de ver a aquella Argentina llena de dudas, que había llegado a Estados Unidos luego del repechage contra Australia, nos despedíamos ya de Luis Islas, de Sensini,  del Cabezón Ruggeri y del Negro Cáceres. Nos despedíamos de Chamot, del Cholo Simeone y del Principe Fernando Redondo, de Abel Balbo y del Diego, de Caniggia y de Batistuta, cuando una voz firme dijo: “Tranquilos muchachos, no se muevan. Oye Julita, estos muchachos están aquí conmigo, si quieres, vete tú para otro lado, o búscate una silla”.

Era la voz de René Navarro.

Navarro, El Maestro.

Tal vez no fue el que más viajó, ni fuera el que solícito mencionara setenta veces en diez minutos la palabra “Comandante” en determinados eventos deportivos. Lo recuerdo, porque, en esa época, en que los narradores entendían la narración deportiva a modo de versículos en un deporte determinado, Navarro procuraba ser la mismísima Biblia y en varias modalidades deportivas.

De Héctor Rodriguez – por mencionar apenas al quizás más controversial de todos los narradores deportivos cubanos- recuerdo apenas dos frases: “se va, se va y se fue” y “mmmm… jugada apretada” A eso quedó reducido en mi memoria “El Cojo”; a apenas dos ridículas frases. De Navarro, guardo millones de ellas, y dichas en más de una disciplina.

Si uno entiende la narración deportiva, como la simple sucesión de frases para contar lo que sucede en un terreno o en un tabloncillo, y a modo de profesión y cobro de salario a fin de mes, seguramente podremos decir que en Cuba tenemos cientos de locutores deportivos; pero si uno entiende la narración, no solo como profesión, si no como arte, como forma final que enmarca al concepto mismo, apostaríamos a que tenemos uno solo: RENE NAVARRO.

Usemos una alegoría para los cubanos: si toda narración fuese una cantata, o una cruzada, Navarro sería un pentagrama, o quizás El Santo Grial.

Volviendo a USA 94

“Tras un centro lateral despejado por la defensa griega, Balbo recogió el rebote en la frontal, tocó para Redondo que a su vez le dio el balón a Maradona que le devolvió de una, Redondo, de nuevo de primera tocó para Caniggia quien, de una, nuevamente devolvio a Redondo quien otra vez al primer toque asistió a El Diego que controló,  la acomodó y después la acarició con la zurda mágica para agregar otro golazo a su colección en las Copas del Mundo.

El grito enrabietado del festejo era un mensaje al mundo, Argentina tenía al jugador más grande que había jugado una Copa del Mundo jamás, motivo suficiente para que sus compañeros creyeran en que levantar la Copa no era una utipía como lo parecía sesenta minutos antes”. (1)

Fue aquella, ya lo dije, la última vez que Maradona jugó un partido en una Copa Mundial de Fútbol, y fue este gol, su último gol. Pero también fue la primera y última vez que vi a Navarro a centímetros de mí. Cosas del destino. Navarro habia abierto la boca no para narrar, sino para defender una “injusticia” si se quiere, deportiva. Navarro fue, por segundos, abogado defensor y no narrador deportivo. Probablemente no le dimos ni las gracias por su gesto; por ese “balón bajado”, por ese magistral uppercut al mentón de la Osendi, por ese “rompe corazones”.

Ayer, tras 70 años de vida, recibió Navarro el premio Abelardo Raidi que otorga la filial América de la Asociación Internacional de Periodistas Deportivos (AIPS).

Hombre que ha dedicado más de treinta años de ejercicio profesional, Navarro llevará su nombre eternamente vinculado a las tres coronas en Barcelona-1992, Atlanta-1996 y Sidney-2000 de la selección femenina de voleibol, a las que él inmortalizó como Las Espectaculares Morenas del Caribe.

(1) http://www.futboldecafe.com/uncategorized/la-ultima-vez-argentina-vs-grecia-copa-del-mundo-1994/

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